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Código abierto: riesgo contra la propiedad intelectual vs. captar talento

Los desarrolladores de software que quieren contribuir a proyectos de código abierto tienen que superar una resistencia inicial del área legal de su compañía y demostrar que los resultados de esta modalidad superan los riesgos potenciales que pudiera acarrear contra su propiedad intelectual. Las contribuciones a las comunidades de código abierto mantienen una dinámica en torno al valor comercial de ofrecer sin coste nuevas aportaciones, en pos de un bien común: la mejora del código que muchos utilizan.

Las empresas más tradicionales solo se sentían atraídas por el escaso coste de esta modalidad, frente a versiones comerciales de software propietario de los proveedores tradicionales. Con el paso del tiempo, también han comprobado que es una excelente vía para formar a sus equipos técnicos, en muchos casos necesitados de perfiles profesionales especializados, sobre todo en el ámbito DevOps y de tecnologías nativas de nube, cada vez más ligadas a esta modalidad de desarrollo.

Según los expertos, la conexión entre código abierto y DevOps no es casual. La forma en que se construyen y diseñan [los proyectos] de código abierto y el espíritu que los mueve son muy similares, proceden de los mismos lugares y muchas de las herramientas DevOps son esencialmente de código abierto.

¿Por qué? “Sobre todo porque resulta más práctico, va más rápido”, suelen afirmar los devotos de esta alternativa.

Quizás, por ello, el uso de sistemas operativos de código abierto entre empresas convencionales se ha disparado en la última década. Según el último informe al respecto, el 99% de las bases de código corporativo analizadas el pasado año contenía componentes de código abierto.

Los componentes y bibliotecas Open Source ya forman parte de todas las aplicaciones industriales que se conocen. También lo apoyan gigantes Cloud, como Amazon Web Services o Google, este último con aportaciones muy importantes, desde utilidades de análisis de datos e inteligencia artificial como Tensorflow, hasta la ahora omnipresente plataforma de orquestación de contenedores Kubernetes.

Google también ha dejado claro que el software de código abierto será la base de su futuro negocio y las generaciones de ingenieros más jóvenes, incluso, lo observan como la forma más natural de desarrollar software.

Y, en cuanto a las resistencias de algunos departamentos corporativos, especialmente el legal, a “regalar” aportaciones de sus empleados a la comunidad, también se están superando. Hasta el punto de que una encuesta de la Fundación Linux de 2019 descubrió que el 52% de las empresas consultadas está contribuyendo en algún proyecto de código abierto formal o informal.

Al final, muchas reconocen que se trata de una forma de captar talento técnico en la organización, un aspecto mucho más crucial que la potencial pérdida de propiedad intelectual, que es un concepto mucho más vago e inconcreto.