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La ética tecnológica

La ética tecnológica es una función corporativa que implica examinar las tecnologías de una empresa para asegurarse de que cumplen con los estándares éticos, es decir, que no aprovechan las vulnerabilidades del usuario, por ejemplo, ni infringen sus derechos. El término también suele aludir a expertos independientes que opinan con integridad sobre la evolución y futuro de las tecnologías.

Aunque todavía no existe una corriente de educación estándar para los especialistas en ética de la tecnología, para desempeñar ese papel, un individuo necesitaría tener conocimientos de ética y tecnología, sino también de psicología, derecho y sociología, por ejemplo.

Por resumir mucho su labor, si los ingenieros ven un problema, encuentran una solución, mientras que el especialista en ética ve la solución y comienza a buscar problemas.

La ética de la tecnología es un área de interés cada vez más importante a medida que la sofisticación y las capacidades de las tecnologías avanzan mucho más que las preocupaciones por la seguridad, la privacidad y el bienestar de los usuarios.

El movimiento que impulsa el desarrollo de una tecnología más humana busca cambiar ese enfoque para realinear la tecnología con la humanidad. A medida que se desarrolle ese movimiento, es probable que crezca la demanda de este tipo de especialistas.

Internet de las cosas y un futuro repleto de sensores por todas partes, los interfaces potenciados con inteligencia artificial, los bots y todo tipo de máquinas con “vida propia” en plantas y fábricas de todo tipo obligará a las organizaciones a aprender a aplicar este principioa su día a día.

Las amenazas contra los datos y las escandalosas pérdidas de privacidad también impulsan esta ética tecnológica, como prioridad número uno, por sus potenciales  efectos sobre las personas y la sociedad. Por eso, irá entrando en el discurso social dominante, y la mayoría de las empresas comenzarán a aplicarla.

La firma Kaleido Insights ya ha detectado un creciente interés de más empresas por los responsables de ética de alto nivel, e incluso están creando comités asesores y grupos de trabajo en la materia.

Independientemente de la estructura de las empresas, el objetivo es pasar de la simple elusión de los riesgos a una planificación de futuro y el refuerzo de áreas clave para su progresivo despliegue y aplicación, por ejemplo al diseño, protección y gestión de los datos, con una correcta gobernanza de todos los activos digitales.