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La conciencia ambiental en llamas

Evocando la mítica canción del grupo australiano Midnight Oil, “Beds are burning”, la conciencia medioambiental de las principales empresas del mundo se ha despertado y parece hasta arder en llamas. Súbitamente, ha descubierto (un 80% de las corporaciones mundiales, a ojo del analista KPMG) que es necesario crear un apartado en sus cuentas de resultados para el conocido como “criterio ambiental”.

Se ha producido, dicen los datos, un cambio radical de actitud hacia el también llamado “factor climático”, antes visto con escepticismo o escaso interés por los responsables corporativos, de instituciones globales y de los despachos donde se toman las grandes decisiones.

Es más, en los últimos cinco años, han proliferado los análisis que estudian el impacto financiero de esta “conciencia ecológica” (si sirve el eufemismo), como uno de los aspectos clave también cuando se dilucidan los presupuestos anuales de resultados en los consejos de dirección. Se está situando poco a poco al mismo nivel que otros clásicos, como la lucha contra la explotación infantil, la conciliación laboral, o la igualdad de género.

En la última década,  se ha producido un cambio radical al respecto que ha afectado al  67% de las corporaciones más poderosas del planeta, subraya el informe de KPMG. Otros signos evidentes son los programas de Desarrollo Sostenible de la ONU o la UE, donde la reducción de emisiones y el respeto al medio ambiente se convierten en protagonistas.

Aspectos cada vez más urgentes y omnipresentes en la discusión social, pero también en las empresas y organizaciones de todo el mundo. Un aspecto que, sin duda, va a introducirse en los planes estratégicos de todas las empresas en muy poco tiempo y que será utilizado como reclamo comercial, sin lugar a dudas.

Pero su impacto aún es mayor, ya que este concepto tan genérico debe aterrizarse en medidas concretas de mejora y respeto del medio ambiente. Ahí es donde aparecen las tecnologías digitales, como herramientas capaces de mejorar la gestión del consumo energético, el reciclaje de materias primas y la reducción de la huella de carbono, propósitos todos ellos que van a marcar la agenda política y económica en las próximas décadas